Hoy, como es miércoles me toca
presentaros la programación de los
próximos días y comentaros algo relacionado con la actualidad pues normalmente
los programas son bastante intemporales.
De la mano de JORGE LARAIA y su PLANETA MUSICAL SUR vienen JORGE
CAFRUNE y Hector Zazou, Nestor Felli nos presenta al grupo senegalés
AFRICANDO y yo, por mi parte, he elegido a ENRIQUE MORENTE, los cantantes de las Isla Comores NAWAL y
M’TORO CHAMOU y el sudanés Wafir, un músico
despierto e inquieto que domina, sobre todo, el acordeón y el laúd árabe; y
también los bongos sudaneses y muchas otras percusiones.
Hoy vamos poner música de Sudán pues
después de 55 años de
una unión impuesta y de un total de 38 años de guerra civil, Sudán está a punto
de desaparecer o dejar de existir tal y como se conoce ahora. El continente
negro tendrá un nuevo país si en el histórico referéndum sobre la independencia que se celebra estos
días los habitantes del sur del país eligen la separación.
Nacido en Kurdufan, estudió en el conservatorio superior de Jartum
y dio sus primeros pasos profesionales tocando el acordeón en varios grupos
hasta que tuvo que abandonar su país eligiendo el Estado Español como destino.
Ha colaborado con el grupo de música antigua de Eduardo Paniagua,
el asturiano Hevia, los castellanos de La Musgaña, Radio Tarifa o Amistades Peligrosas. Sin
olvidar, claro, las colaboraciones con Rasha, su hermana, y con La Banda Negra, con la
que compartió, de principio a fin, toda su andadura, y en la que probó muchos
de los temas que navegan hoy por el Nilo Azul, el disco que estamos oyendo.
Entre las noticias de ámbito internacional de este comienzo
de año destaca la celebración del referéndum de independencia de Sudán del Sur,
un país que cuesta ubicar en el mapa pero que se puede convertir en un nuevo
Estado del planeta, el número 193 del mundo, con capital en Juba.
Sudán
del Sur -y el propio Sudán- se nos aparece como una realidad extraña y lejana,
pero en este perdido lugar de África han conseguido que un acuerdo de paz, que
ha puesto fin a años de enfrentamiento armado, vaya a ser ratificado por la
ciudadanía en referéndum, pese a las dificultades que supone realizar una
votación de este tipo en un país en el que es difícil saber cuánta gente vive
exactamente y en el que elaborar un censo o conseguir que los votantes se
registren es tremendamente complicado.
El referéndum de autodeterminación es el último escalón de
los Acuerdos Integrales de Paz firmados entre los representantes del Sur y del
Norte del país africano en 2005. Unos acuerdos muy difíciles de materializar,
con momentos de gran incertidumbre que tanto las partes implicadas como la
comunidad internacional han logrado gestionar de manera eficaz. Finalmente ha
primado el sentido común y, pese a las dificultades y los riesgos lógicos de un
cambio de estructuras políticas de esta magnitud, todo indica que tanto el
referéndum como su desarrollo serán positivos.
Son muchos los datos que
apuntan a la actitud colonialista de los británicos como punto de partida del
conflicto que ha vivido Sudán en las últimas décadas. Los
británicos gobernaron el norte -árabe y musulmán- y el sur -negro y cristiano y
animista- como dos entidades separadas, pero sin materializar la creación de dos
estados independientes, por lo que «el sufrimiento de los sureños se creó en la
época colonial».
En
los últimos momentos de la época colonial y tras la independencia, la población
del sur percibió la nueva situación como el cambio del dominio europeo por el
árabe y, mayoritariamente, optó por luchar para alcanzar un mejor acuerdo.
Desde el norte se recibieron ya entonces un sinfín de promesas (desarrollo
parejo de ambas regiones, sistema autónomo en el sur...) que se fueron quedando
en papel mojado, una actitud que han ido repitiendo los diferentes líderes
norteños a la largo de los años.
Pero
la élite del norte fue más allá y no dudó en inundar el sur con profesores
árabes, clérigos musulmanes, comerciantes, policías y militares, con el claro
propósito de hacer de Sudán del Sur una provincia más, al tiempo que se
arabizaba e islamizaba la región.
Con
el paso de los años, y con las dos guerras civiles habidas, los dirigentes de
Jartum han utilizado el mal llamado «problema del sur» en sus pugnas internas por
el poder.
Por
ello, no debe extrañar que las calles del sur estén llenas de carteles con
consignas como «La unidad a la fuerza es esclavitud», «La separación trae la
paz» o «El referéndum es la oportunidad de oro para tu total independencia».
Según el analista TXENTE
REKONDO el proceso post-referéndum en Sudán no va a estar exento de
dificultades. Tendrán que delimitar las fronteras, sobre todo en lo que afecta a
Abyei, Kordofán sur y el Nilo Azul, zonas todas ellas muy ricas (petróleo, agua
y oleoductos) y altamente militarizadas, donde las autoridades del norte no han
dudado en utilizar la baza tribal para provocar enfrentamientos y dificultar el
proceso. Hay que recordar, además, que paralelamente al referéndum, en Abyei
tendría que tener lugar otra votación para que sus habitantes decidan su
integración en el sur o su permanencia en el norte, pero la falta de
entendimiento ha obligado a aplazarlo.
Otro
aspecto clave será la situación que tendrán que afrontar los ciudadanos del sur
en el norte y viceversa. En el primer caso, la minoría sureña que permanece en
el norte puede tener serias dificultades tras las declaraciones de los
dirigentes de Jartum de aplicar la sharia en caso de separación.
También
habrá que ver cómo se desarrolla la negociación en torno al reparto y control
de las riquezas petrolíferas (entre el 82% y 95% de los pozos se encuentran el
sur, pero de momento la única vía de exportación pasa por el norte); la
posición del nuevo Estado del sur en relación a los acuerdos sobre el agua que tienen
Sudán y Egipto; la división de la deuda que a día de hoy tiene Sudán; los
acuerdos que permitan la movilidad de los grupos de pastores, y otros temas
como la moneda, los acuerdos internacionales y la seguridad y desmilitarización
de algunas zonas.
Como
veis la situación sigue siendo muy delicada y compleja pero el referéndum abre
una puerta a la esperanza.