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ene 24 2011
Rebelión popular en Túnez PDF Imprimir E-Mail
lunes, 24 de enero de 2011

BerimbauA016

Berimbau, las músicas del mundo en Tas-Tas.

Hoy, como es miércoles me toca presentaros  la programación de los próximos días y comentaros algo relacionado con la actualidad, en concreto la revuelta popular que está teniendo lugar en Túnez. 

Para ello voy a servirme de un artículo escrito por VICTOR POZAS, un amigo de Tas-Tas, profesor de periodismo en la UPV en el que valora el papel de las democracias europeas y de la llamada comunidad internacional en casos como el de Túnez.

Musicalmente nos van a acompañar Anouar Brahem y Dhafer Youssef. Ambos son músicos, hacen jazz y son tunecinos, aunque cada uno realiza su carrera por su cuenta.  

También os presentamos las músicas y los temas que estamos desarrollando estos días. De la mano de JORGE LARAIA  y su PLANETA MUSICAL SUR vienen la música del KURDISTÁN  con Aynur Dogan, y la de Sudán. Yo repito país, SUDÁN, con los hermanos RASHA y WAFIR y las orquestas SALAMAT y KAMBALÁ.

Para dar más variedad nuestro compañero Nestor Felli nos acerca a la griega Alkistis Protopsalti.

Con la música de fondo del tunecino  vamos a hacer unos comentarios sobre este páis de la mano del profesor de la UPV VICTOR POZAS.

La rebelión popular en  Túnez, dice Víctor,  ha dejado una cosa bien clara: los democráticos gobiernos de Estados Unidos y de la Unión Europea –incluidas Francia y España- durante más de dos décadas han considerado y tratado al gobierno dictatorial tunecino como a un aliado estrecho, estratégico y estable.

Las hemerotecas desnudan la hipocresía de estos gobiernos: Recordemos las palabras del presidente francés Sarkozy hace dos años en Túnez: “hoy progresa (aquí) el espacio de las libertades. Son signos esperanzadores que quiero saludar…Estos signos , estas reformas  se inscriben en un camino estrecho y difícil, pero esencial, el de la libertad y el respeto a las libertades”.

Hace 14 meses el derrocado dictador Ben Alí condecoraba a Dominique Strauss-Kahn, director general del FMI, y hoy candidato favorito a las elecciones presidenciales francesas. Agradecido Dominique Strauss-Kahn calificó al régimen tunecino “ como un buen ejemplo para los países emergentes”.

A principios de noviembre pasado el exministro español de Exteriores José Moratinos trasladó un mensaje del presidente Zapatero al dictador Ben Alí, enfatizando la voluntad de que ambos gobiernos –español y tunecino- continuaran desarrollando una acción conjunta para promover la cooperación y el diálogo en el Mediterráneo. Sobran los comentarios.

En los primeros días de la rebelión popular la ministra de exteriores francesa Michele Alliot-Marie, ofrecía a la dictadura tunecina la experiencia y las capacidades francesas en la gestión de las cuestiones de seguridad, en otras palabras, fuerzas antidisturbios para reprimir las manifestaciones. Todo un alarde de apoyo a la democracia.

Por su parte Estados Unidos, como todo el mundo sabe, ardiente defensor de la democracia en el mundo árabe, ha vendido armas a la dictadura tunecina por un valor de 349 millones de dólares entre 1987 y 2009. Y sin ir más lejos, el año pasado el gobierno de Obama pidió la aprobación al Congreso norteamericano para vender 12 helicópteros militares a la dictadura de Túnez por un valor de 282 millones de dólares.

Es sin duda Israel quien lo tiene y lo dice más claro: el derrocamiento de la dictadura tunecina va en contra de los intereses israelíes, si el ejemplo se contagia a los países árabes vecinos. Así lo acaba de manifestar el viceprimer ministro israelí Silvan Shalom, para quien “ la seguridad nacional israelí podría ser amenazada de forma significativa, si los regímenes próximos al estado de Israel fueran reemplazados por sistemas democráticos”.

Las cosas claras. Mejor dictaduras, que democracias, si éstas no son amigas. Este es el mensaje que muchos de los gobiernos occidentales llevan trasladando durante años a la opinión pública mundial. ¡Vamos, una lección de auténtica democracia”.

Pero no deberíamos extrañarnos. Estados Unidos es un maestro destacado en estas cuestiones, dada su larga experiencia de apoyo a las dictaduras latinoamericanas durante la mayor parte del siglo XX, y a los gobiernos dictatoriales de Oriente Medio en la actualidad.

La Unión Europea ha seguido con celo el ejemplo estadounidense, otorgando su apoyo y colaboración a todas las dictaduras del Norte de Africa: Egipto, Túnez, Argelia, Marruecos, y recientemente también a la Libia de Gaddafi. Todo ello a cambio de una supuesta estabilidad en la zona mediterránea frente a la también supuesta amenaza islamista.

El gobierno de Jose Luis Rodriguez Zapatero sigue, impertérrito, brindando su apoyo a la dictadura de Marruecos, pese a sus desmanes en el Sahara Occidental. Y el ministro de la Presidencia, Ramón Jauregui, tiene la desfachatez de aconsejar al Frente Polisario que acepte la autonomía que el régimen dictatorial de Mohamed VI ofrece como solución al conflicto saharaui, es decir, que los saharauis acepten vivir felices bajo la ocupación de la dictadura marroquí.

Está claro que para todos estos gobiernos occidentales la palabra democracia tiene una aplicación muy limitada. Y a estos gobiernos, defensores de boquilla de la democracia, no se les cae la cara de vergüenza, al sostener a regímenes dictatoriales, si los consideran útiles para sus intereses económicos, políticos y geoestratégicos.

Parece mentira que con tanta experiencia a sus espaldas, no perciban que su actitud atenta contra los principios más básicos de la decencia  humana, arruina el concepto de democracia, y no detiene las ansias de libertad que, como en el caso de Túnez, terminan abriéndose paso.
 
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