Hoy, como es miércoles me toca
presentaros la programación de los
próximos días y comentaros algo relacionado con la actualidad, en concreto la
revuelta popular que está teniendo lugar en Túnez.
Para
ello voy a servirme de un artículo escrito por VICTOR POZAS, un amigo de
Tas-Tas, profesor de periodismo en la
UPV en el que valora el papel de las democracias europeas y
de la llamada comunidad internacional en casos como el de Túnez.
Musicalmente nos
van a acompañar Anouar Brahem y Dhafer Youssef. Ambos son músicos, hacen jazz y son tunecinos, aunque
cada uno realiza su carrera por su cuenta.
También os presentamos las
músicas y los temas que estamos desarrollando estos días. De la mano de JORGE
LARAIA y su PLANETA MUSICAL SUR vienen la
música del KURDISTÁN con Aynur Dogan, y
la de Sudán. Yo repito país, SUDÁN, con los hermanos RASHA y WAFIR y las
orquestas SALAMAT y KAMBALÁ.
Para dar más variedad nuestro compañero Nestor Felli nos acerca a la griega
Alkistis Protopsalti.
Con la música de fondo del tunecinovamos a hacer unos comentarios sobre este
páis de la mano del profesor de la UPV
VICTOR POZAS.
La rebelión popular enTúnez, dice Víctor,ha dejado una cosa bien clara: los
democráticos gobiernos de Estados Unidos y de la Unión Europea –incluidas
Francia y España- durante más de dos décadas han considerado y tratado al
gobierno dictatorial tunecino como a un aliado estrecho, estratégico y estable.
Las hemerotecas desnudan la hipocresía de estos
gobiernos: Recordemos las palabras del presidente francés Sarkozy hace dos años
en Túnez: “hoy progresa (aquí) el espacio de las libertades. Son signos
esperanzadores que quiero saludar…Estos signos , estas reformasse inscriben en un camino estrecho y difícil,
pero esencial, el de la libertad y el respeto a las libertades”.
Hace 14 meses el derrocado dictador Ben Alí
condecoraba a Dominique Strauss-Kahn, director general del FMI, y hoy candidato
favorito a las elecciones presidenciales francesas. Agradecido Dominique
Strauss-Kahn calificó al régimen tunecino “ como un buen ejemplo para los
países emergentes”.
A principios de noviembre pasado el exministro
español de Exteriores José Moratinos trasladó un mensaje del presidente
Zapatero al dictador Ben Alí, enfatizando la voluntad de que ambos gobiernos
–español y tunecino- continuaran desarrollando una acción conjunta para
promover la cooperación y el diálogo en el Mediterráneo. Sobran los
comentarios.
En los primeros días de la rebelión popular la
ministra de exteriores francesa Michele Alliot-Marie, ofrecía a la dictadura
tunecina la experiencia y las capacidades francesas en la gestión de las
cuestiones de seguridad, en otras palabras, fuerzas antidisturbios para
reprimir las manifestaciones. Todo un alarde de apoyo a la democracia.
Por su parte Estados Unidos, como todo el mundo
sabe, ardiente defensor de la democracia en el mundo árabe, ha vendido armas a
la dictadura tunecina por un valor de 349 millones de dólares entre 1987 y
2009. Y sin ir más lejos, el año pasado el gobierno de Obama pidió la
aprobación al Congreso norteamericano para vender 12 helicópteros militares a
la dictadura de Túnez por un valor de 282 millones de dólares.
Es sin duda Israel quien lo tiene y lo dice más
claro: el derrocamiento de la dictadura tunecina va en contra de los intereses
israelíes, si el ejemplo se contagia a los países árabes vecinos. Así lo acaba
de manifestar el viceprimer ministro israelí Silvan Shalom, para quien “ la
seguridad nacional israelí podría ser amenazada de forma significativa, si los
regímenes próximos al estado de Israel fueran reemplazados por sistemas
democráticos”.
Las cosas claras. Mejor dictaduras, que
democracias, si éstas no son amigas. Este es el mensaje que muchos de los
gobiernos occidentales llevan trasladando durante años a la opinión pública
mundial. ¡Vamos, una lección de auténtica democracia”.
Pero no deberíamos extrañarnos. Estados Unidos es un
maestro destacado en estas cuestiones, dada su larga experiencia de apoyo a las
dictaduras latinoamericanas durante la mayor parte del siglo XX, y a los
gobiernos dictatoriales de Oriente Medio en la actualidad.
La
Unión Europea ha seguido con celo el ejemplo estadounidense,
otorgando su apoyo y colaboración a todas las dictaduras del Norte de Africa:
Egipto, Túnez, Argelia, Marruecos, y recientemente también a la Libia de Gaddafi. Todo ello
a cambio de una supuesta estabilidad en la zona mediterránea frente a la
también supuesta amenaza islamista.
El gobierno de Jose Luis Rodriguez Zapatero sigue,
impertérrito, brindando su apoyo a la dictadura de Marruecos, pese a sus
desmanes en el Sahara Occidental. Y el ministro de la Presidencia, Ramón
Jauregui, tiene la desfachatez de aconsejar al Frente Polisario que acepte la
autonomía que el régimen dictatorial de Mohamed VI ofrece como solución al
conflicto saharaui, es decir, que los saharauis acepten vivir felices bajo la
ocupación de la dictadura marroquí.
Está claro que para todos estos gobiernos occidentales la
palabra democracia tiene una aplicación muy limitada. Y a estos gobiernos,
defensores de boquilla de la democracia, no se les cae la cara de vergüenza, al
sostener a regímenes dictatoriales, si los consideran útiles para sus intereses
económicos, políticos y geoestratégicos.
Parece mentira que con tanta experiencia a sus espaldas, no
perciban que su actitud atenta contra los principios más básicos de la
decenciahumana, arruina el concepto de
democracia, y no detiene las ansias de libertad que, como en el caso de Túnez,
terminan abriéndose paso.