Hoy os voy a presentar a dos hermanos músicos
de Sudán, RASHA y WAFIR, que además de los discos que han grabado en solitario,
formaron parte de la agrupación SALAMAT
que más tarde se llamaría KAMBALÁ y han colaborado con otros grupos
durante su exilio en el Estado Español.
La dureza que el
régimen islámico militar ejerce en Sudán hace que Rasha abandone su país y tras
una breve estancia en El Cairo, llegue al Estado Español donde residían dos de
sus hermanos, Omaima y Wafir, éste último, músico consolidado y miembro de
Radio Tarifa.
No es común escuchar el
trabajo de una cantante de Sudán, el país más extenso de África y de mayoría musulmana, castigado por la
pobreza, por la guerra civil y donde todavía existe la esclavitud. Sin embargo,
la voz de Rasha ha cautivado por igual a públicos europeos, africanos y
americanos.
En 1997 graba, Sudaniyat,
carta de presentación de Rasha como cantante en el que nos muestra una
visión muy personal de algunos temas tradicionales de su tierra. Con este
primer disco logra abrirse un hueco en el panorama mundial de las músicas del
mundo. El 8 de marzo de 1998 festeja en Nueva York el Día de la Mujer Trabajadora
actuando frente a las mujeres delegadas de la ONU.
Rasha cuenta con dos trabajos discográficos
posteriores. Por un lado, graba junto con María Salgado, Uxía y Jesús Pimentel, La sal de la vida,
innovadora idea que integra ritmos y voces de distintos puntos geográficos. Por
otro, el disco La Banda
Negra, en el que Rasha se une con otros artistas
africanos, todos ellos afincados en Madrid. Con ellos realiza una gira
centroeuropea.
A finales de 2000, se edita su
último disco, Let me be, un trabajo más personal, en el que Rasha,
autora de las letras de todos los temas, denuncia la situación del pueblo
sudanés, los problemas a los que se enfrentan miles de emigrantes, y expresa
también sus ilusiones, sus nostalgias y anhelos íntimos.
Este segundo álbum es acogido por
la crítica como la consagración de la artista, superando ampliamente las
expectativas que en su día despertara Sudaniyat.
El 14 de diciembre de 2000, Rasha
es invitada a participar en el festival “Voces De refugiagos” que tuvo lugar Ginebra coincidiendo con el 50
aniversario de ACNUR, y en el que se dieron cita artistas de la talla de
Youssou N´Dour, Geoffrey Oryema, etc, acompañados por una fenomenal banda de
músicos refugiados.
Posteriormente, y tras el éxito
de este festival, la Agencia
de las Naciones Unidad para los refugiados (ACNUR) impulsó la grabación del CD "Voces de
Refugiados", grabado en los estudios de Youssou N´Dour en Dakar, quien se
encargó de la dirección y producción del mismo, y en el que Rasha es de nuevo
llamada a participar.
Wafir, el segundo
protagonista de este Berimbau, es un músico despierto e
inquieto. Domina, sobre todo, el acordeón y el laúd árabe; y también los bongos
sudaneses, el saz –instrumento de cuerda turco-, la viola, el rabab –otro
instrumento de cuerda, en este caso, afgano-, los bendires –tambores del norte
de Africa-, panderos, las castañuelas metálicas y muchas otras percusiones.
Nacido en Kordofan, provincia
central de Sudán donde vive el pueblo Nuba –del que hablaremos más adelante-
estudió en el conservatorio superior de Jartum y dio sus primeros pasos profesionales
tocando el acordeón en varios grupos.
Desde su llegada al Estado
Español, en los años 90, se ha enfrentado a las músicas más diversas
colaborando con el grupo de música
antigua de Eduardo Paniagua, el asturiano Hevia, los castellanos de La Musgaña, el flamenco
Joaquín Ruíz, los senegaleses Djanbutu Thiossane, Radio Tarifa o las Amistades
Peligrosas. Sin olvidar, claro, las colaboraciones con Rasha, su hermana, y con
La Banda Negra,
con la que compartió, de principio a fin, toda su andadura, y en la que probó
muchos de los temas que navegan hoy por el Nilo Azul, un disco en el que Oriente coquetea con Occidente.
Nilo Azul retrata cabalmente la rica personalidad
de Wafir S. Gibril aunque la saharaui Mariem Hassan y otros artistas de
diversas procedencias también han aportado su grano de arena a la obra.
El pueblo nuba agrupa a más de veinte grupos
étnicos diferentes que se localizan en la cadena montañosa de Nuba situada en
el Kordofán, la provincia central del Sudán. Se llaman a sí mismos la “gente de
las montañas”y sus poblados son permanentes (al contrario de muchos de sus
vecinos de las llanuras) porque en las colinas nunca falta el agua.
Las montañas han demostrado ser una magnífica
defensa natural contra la influencia externa, incluso de la cultura árabe que
ha absorbido a las tribus vecinas. Aun así, entre ellos hay marcadas
diferencias. Los nuba hablan más de cincuenta dialectos distintos y muchos
grupos tienen formas de vida totalmente dispares.
Se organizan en tribus y clanes en los que
determinados miembros pueden estar predestinados, a través del padre o de la
madre, a dedicarse a proporcionar determinados servicios a la sociedad.
Asimismo, en algunas zonas cada clan se encarga de algún trabajo o función
(ceremonias, administración de alimentos...) que repercute en beneficio de toda
la comunidad.
Algunas construcciones de los nuba, como las
de la zona de Korongo, son especialmente artísticas. Son construcciones enlazadas
de seis en seis y rodeadas por un muro común. La cara externa de éste, de
tierra grafítica y azulada se pule hasta que brilla intensamente. Estas paredes
se decoran con exóticos dibujos en color escarlata, blanco y amarillo ocre.
El grupo KAMBALÁ fue formado a finales de los
años 90 por los hermanos WASIR Y RASHA y mezcla a su manera los diferentes ritmos y estilos musicales
árabes y africanos.
El
nombre del grupo, KAMBALÁ, proviene de una ceremonia y danza tradicional
del pueblo Nuba transmitido de
generación en generación hasta nuestros días.
La palabra Kambalá no tiene ningún
significado definido, pero se asocia con una ceremonia de tránsitode la
infancia a la edad adulta. La danza Kambalá tiene mucho que ver con la educación de los
hombres Nuba que deben ser valientes y audaces como un toro.
Un bailarín Kambala tradicionalmente lleva cuernos búfalo que están atados a la
cabeza con un turbante blanco.
En esta ceremonia cada niño es llevado
bailando para formar un círculo del que sale para presentar su espalda desnuda al látigo del
oficiante. No deberá apartarse ni dar muestras de dolor hasta que una mujer se
interponga entre él y el látigo y luego seguirá bailando de nuevo. Los
cantantes se burlarán de los cobardes que muestran signos de dolor, y alaban a los que se quedan en silencio e
impávidos ante los latigazos. De esta manera los jóvenes demuestran sus
habilidades en el baile y su capacidad para soportar el dolor.
Los niños Nuba aprenden a pelear desde edades
muy tempranas y al alcanzar la pubertad ya participan de los duros
enfrentamientos entre aldeas, que otorgan al poblado vencedor un gran
prestigio. Tal es la importancia de la lucha, que la virilidad se mide por la
habilidad y la fuerza en las disputas.
Bajo la práctica del deporte subyace un
pensamiento importante para los nubas: si los jóvenes son fuertes, toda la
comunidad lo será. Así, la lucha, contiene un sentimiento religioso,
exteriorizado en los cuerpos cubiertos de ceniza sagrada de los luchadores.
Las creencias de los nuba tienen su máximo
representante en la figura del chamán. Es él quien se relaciona con los
poderosos espíritus para mejorar la caza, obtener lluvia, sanar enfermedades,
proteger las cosechas o propiciar la fecundidad.
Aunque el Islam se está introduciendo en
estas comunidades, los nuba mantienen sus antiguas creencias entremezcladas con
el nuevo credo.
Un estudio de 2001 del Instituto de
Investigación de Naciones Unidas para el Desarrollo Social , hecho público en la Cumbre de Durban contra el
racismo, ha vuelto a poner a Sudán bajo la mirada de la comunidad internacional.
Azotado por la pobreza, el hambre y una terrible guerra que ya se ha cobrado
dos millones de muertos desde 1983, Sudán ha sido señalado desde Naciones
Unidas como un país donde aún persiste la esclavitud, el reclutamiento forzoso
de menores, así como otros abusos de los derechos humanos. El estudio de
Naciones Unidas, sin embargo, va más lejos, y denuncia el "genocidio"
perpetrado contra el pueblo Nuba y la "limpieza étnica" en la región
del Nilo azul.
La guerra de Sudán no sólo es un conflicto
basado en la lucha religiosa entre un norte islámico y un sur cristiano y
animista. La guerra entre el Gobierno del norte y los grupos rebeldes del sur
es, en gran parte, una lucha por el control de los recursos naturales de la
región. El derrumbe de la economía del norte por la sistemática explotación del
suelo ha obligado a las élites mercantiles del norte a expandir sus actividades
económicas hacia el sur. Es allí donde se encuentran las tierras fértiles, la
zona petrolífera y los yacimientos de níquel y uranio. Sólo el 5% del suelo
sudanés es cultivable, lo que agudiza la lucha por el territorio útil. Además,
un 95% de los bosques del este de Sudán ha desaparecido para dejar espacio a
los cultivos masivos y, al ritmo actual de la erosión, todos los bosques de la
zona nororiental del país se habrán esfumado al finalizar el siglo. Por el
contrario, las extensas sabanas y los bosques meridionales se han mantenido más
o menos intactos por el aislamiento histórico de la zona y su pobre
infraestructura vial.
Los Nuba son una de las principales víctimas
de esta situación en la región meridional de Kordofán. Los Nuba han competido
desde el siglo XIX con sus vecinos árabes, los Baggara, por el agua y la tierra
de esta zona. Hoy en día, el Ejército Popular de Liberación de Sudán tiene una
de sus bases más fuertes entre esta población. Aislados por la guerra y el
ejército, los Nuba no poseen prácticamente nada. No tienen médicos, y carecen
de abastecimiento alimentario.
El conocido escritor Bernard-Henri Lévy
afirma lo siguiente: "Los Nuba, cansados de ser bombardeados, de comer
saltamontes y raíces cocidas, de ver a sus hijos morir de enfermedades nuevas
o, por el contrario, olvidados y sin curación posible, terminan por bajar a las
llanuras y refugiarse en los "campos de paz" que, en realidad, son
centros de selección de mercaderes de esclavos. Había un millón de nubas. Sólo
quedan 300.000. ¿Qué pasó con los demás? ¿Muertos, desaparecidos o víctimas de
los negreros de Kordofan que les han vendido a las familias árabes de
Jartum?"
Según un informe de Naciones Unidas, el
Gobierno de Jartum desplegó al ejército en torno a los yacimientos petrolíferos
con el fin de garantizar la seguridad de las explotaciones. En septiembre de
2000, cuando se realizó el primer envío de 30.000 barriles de petróleo, los
habitantes de la región denunciaron que varios helicópteros sobrevolaron y
bombardearon indiscriminadamente blancos civiles. Sin embargo, grandes empresas
petroleras extranjeras emplazadas en el país, como las francesas Elf Aquitaine
y TotalFina, la italiana AGIP, la austriaca ÖMV Sudan o la canadiense Talismán, han negado toda
responsabilidad respecto a los abusos en los que están implicadas las fuerzas
que ellas mismas contrataban para proteger los yacimientos.
Según Abdel Asis, líder de los Nuba, es
hipócrita creer que la situación regional sea tan solo un conflicto de carácter
religioso, y que no existan responsabilidades internacionales derivadas de una
guerra convenientemente silenciada:
"¿Cómo es posible que se extermine a un
pueblo, que se le ahogue así, dulcemente, sin testigos, sólo porque se
encuentra en la ruta del petróleo?".
Sudán tiene un gobierno dictatorial, por lo
que todo el poder político está en manos del Presidente, Omar Hassan Ahmad
al-Bashir. Bashir y su partido controlan el gobierno desde que él mismo dirigió
el golpe militar del 30 de junio de 1989.
El
país fue dividido en cinco regiones en el norte y tres en el sur, cada
una encabezada por un gobernador militar. Posteriormente otra reforma dividió
el país en 26 estados.
En el censo sudanés de 1993, la población se
calculó en 26 millones. No existen censos fiables desde entonces debido a la
guerra civil. Según la estimación más
corriente Sudan tiene más de 40 millones de habitantes.
Los estados del norte cubren la mayor parte
de Sudán e incluyen los principales centros urbanos. Más de 22 millones de
sudaneses que viven en esta región son musulmanes de lengua árabe, aunque la
mayoría habla alguna lengua materna diferente del árabe —nubio, beja, fur,
nuban, ingessana, etc.
La región meridional tiene una población de
cerca de seis millones y es predominantemente rural, basada en una economía de
subsistencia. Esta región ha sido afectada negativamente por la guerra que
asola el país desde la independencia. Más de dos millones han muerto y más de
cuatro millones se han desplazado internamente o convertido en refugiados como
resultado de la guerra civil.
Después
de 55 años de una unión impuesta y de un total de 38 años de guerra civil,
Sudán puede ir avanzando hacia la paz gracias al referéndum celebrado en enero
de 2011.
La consulta independentista fue
fruto del Acuerdo Integral de Paz que en 2005 puso fin a la guerra entre el
norte y sur del actual Sudán y que, ya entonces, con el respaldo de la llamada
comunidad internacional, fijaba un plazo para dicha convocatoria.
Son muchas las fuentes que apuntan a la actitud colonialista de los británicos
como punto de partida del conflicto
que ha vivido Sudán en las últimas décadas. Los británicos gobernaron el norte
-árabe y musulmán- y el sur -negro y cristiano y animista- como dos entidades
separadas, pero sin materializar la creación de dos estados independientes, por
lo que «el sufrimiento de los sureños se creó en la época colonial».
En los últimos momentos de la época colonial
y tras la independencia, la población del sur percibió la nueva situación como
el cambio del dominio europeo por el árabe y, mayoritariamente, optó por luchar
para alcanzar un mejor acuerdo. Desde el norte se recibieron ya entonces un
sinfín de promesas (desarrollo parejo de ambas regiones, sistema autónomo en el
sur...) que se fueron quedando en papel mojado, una actitud que han ido
repitiendo los diferentes líderes norteños a la largo de los años.
Pero la élite del norte fue más allá y no
dudó en inundar el sur con profesores árabes, clérigos musulmanes,
comerciantes, policías y militares, con el claro propósito de hacer de Sudán
del Sur una provincia más, al tiempo que se arabizaba e islamizaba la región.
Por ello, no debe extrañar que las calles del
sur estuvieran llenas de carteles con consignas como «La unidad a la fuerza es
esclavitud», «La separación trae la paz» o «El referéndum es la oportunidad de
oro para tu total independencia».
Es difícil de imaginar el futuro de Sudán o
de los Sudanes del Norte y del Sur. Tampoco está claro el devenir del Pueblo
Nuba.
El proceso post-referéndum no va a estar exento de dificultades. Tanto a nivel interno como de cara a las relaciones
entre norte y sur, sin olvidar tampoco las reacciones que puedan darse entre
los principales actores extranjeros, más pendientes de sus propios intereses que
de los de las poblaciones locales.
Como señalan los líderes independentistas,
«el referéndum es el comienzo de un nuevo camino que deberemos asfaltar entre
todos».
En los últimos años, desde Jartum se ha
declarado la jihad contra el sur, se ha intentado implantar la sharia en todo
el país, sin respetar las diferencias que existían, se ha desarrollado una
marginación económica y política hacia el sur, apostando por estrategias de
división, se ha incumplido la mayoría de los acuerdos y se ha implantado una
cultura de impunidad de los dirigentes del norte. Con esos datos, «¿a quién le
quedan ganas de permanecer unidos?», se preguntan los sureños.
Los partidarios de la independencia, no
obstante, señalan que la separación está inspirada más allá de esas quejas y
realidades discriminatorias para su pueblo, y que no desean una separación como
«fruto de la frustración y la desesperanza».
En ese sentido, han señalado que «nosotros,
el pueblo de Sudán del Sur, para la conservación de la vida humana, la libertad
y la dignidad, ahora y para la posteridad, declaramos nuestra separación de
Sudán, y establecemos de esta manera la República de Sudán del Sur, donde los derechos
inalienables son el fundamento y serán permanentemente protegidos y
promovidos».
Desde Sudán del Sur se manda un claro mensaje
de esperanza: «Que se sepa en todo el mundo que una república de la libertad y
la igualdad nace en el continente africano. Que se sepa que esta república es
sinónimo de libertad y está en contra de la tiranía, nacional o extranjera.
¡Que se sepa que nuestra nación ha nacido!».
Y nada más por hoy. Espero que os haya
resultado entretenido este rato que hemos pasado juntos y que os haya servido
para conocer mejor la música y la situación de ese país, SUDÁN, que parece tan lejano y a ese pueblo
desconocido que vive en las montañas NUBA . Os recuerdo que si queréis volver a
oír o descargaros este u otros programas, los tenéis el pag. Web de esta
emisora tas-tas.org. El correo electrónico para sugerencias de la audiencia es
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. Agur