Artículo de opinión de Iñaki Astoreka (CNT)
El signo característico de la praxis introducida por la burguesía
es lo utilitario, consiste en verlo todo como materia de explotación y
rendimiento, desde la naturaleza al hombre.
La naturaleza es considerada como fuente de materias primas, el
hombre como mano de obra y como animal de consumo, como simple receptáculo
pasivo de un proceso invasor cuya motivación última es la creación de plusvalía
y dividendos para los magnates y plutócratas que tienen en sus manos los resortes
de la producción.
El capitalismo avanzado intenta presentarse como un sistema capaz
de embellecer la vida humana, pero lo único que ha hecho hasta ahora es
destruir y deformar sistemáticamente la morada del hombre.
Mientras los anuncios publicitarios ensalzan los productos
comerciales e intentan presentar el proceso de consumo como un paraíso mágico,
las máquinas socavadoras destrozan la naturaleza y convierten las ciudades en
termiteras infernales, al servicio exclusivo de los oligopolios industriales y
financieros.
El capitalismo ha completado su proceso de dominio
económico-social extendiéndolo al ámbito de la naturaleza y al medio ambiente.
Su elemento central es la subordinación a los grupos de presión. De ahí que en
los países dominados por el industrialismo no quede prácticamente ninguna zona
de la naturaleza.
A la larga todo se va convirtiendo en materia muerto o en un
espacio envenenado; los ríos, los lagos, los mares, los peces, el agua de los
manantiales y las fuentes, los animales y las plantas.
El aire que respiramos está contaminado por la polución, los
alimentos que ingerimos están llenos de sustancias tóxicas. El nexo entre el
hombre y su entorno es cada día más precario y difícil de sostener. Los siglos
XX y XXI, son los siglos del crimen ecológico.
Las ciudades han perdido su carácter de hogar para convertirse en
simples lugares de venta y circulación, en una Babel caótica de almacenes,
garajes, bazares y supermercados. Los jardines son las superficies de
aparcamiento.
Esta mercantilización del espacio vital penetra en la propia
subjetividad del hombre, completando así el proceso de su aniquilación
espiritual. La destrucción de la morada humana significa por el ello la
destrucción de la humanidad.
Es evidente que la destrucción de la dimensión comunitaria y de
convivencia perpetúa la hegemonía capitalista. Ubicado en un espacio vital
usurpado totalmente por las mercancías capitalistas, el hombre actual tiene
cada vez menos posibilidades de reunirse y comunicarse a fondo con sus semejantes.
Cuando el hombre sale de su soledad es para asistir a algún espectáculo de
masas o fundirse con la multitud como peatón o automovilista anónimo.
A fuerza de tratar con aparatos técnicos se hombre se mecaniza
perdiendo su capacidad de autodeterminación, convirtiéndose en juguete de de un
proceso tecno-productivo que no puede dominar y que le invade por todas partes
como un alud incontenible.
La técnica, que en un orden racional de cosas podría contribuir a
humanizar la existencia individual y colectiva se convierte en agresión y
amenaza, es un proceso invasor que condiciona al hombre como totalidad
estructural.. Y dado que esta totalidad es represiva su función es – para
emplear la terminología marcusiona-totalitaria: “El totalitarismo no es solamente
el hecho de una forma especial de gobierno o de partido, procede sobre un
sistema específico de producción y distribución, perfectamente compatible con
un “pluralismo” de partidos, con periódicos, con la “separación de poderes”,
etc.
David Thoreau, desenmascaraba esta situación absurda con un
ejemplo genial; “Tenemos gran prisa en construir un telégrafo magnético entre
Moine y Texas, pero puede ser que Moine y Texas no tengan nada importante que
comunicarse”.
El hombre ha quedado reducido al mínimo de lo que podría ser, se
ha convertido en un autómata vacío y desintegrado que consume con gesto
estereotipado y triste los pequeños placeres que la vida moderna le ofrece como
compensación a su integración al sistema.
Aprovechando las ideas del libro “Opresores y Oprimidos”, cuyo
autor es Heleno Saña. Esta publicación y
otras suyas forman parte de mis libros de cabecera.
Bilbao, 30 de mayo de 2008
Iñaki Astoreka
CNT – Bilbao
Secretaría de Prensa y Propaganda
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